Miedos de una chica del siglo XXI

El siguiente cuento forma parte de los textos compartidos por colaboradoras externas a quienes agradecemos su participación e interés.

Lita descubrió la carta que Mari había escrito hace un siglo, en el año 2017.

Al estar ordenando las pertenencias de la sabia anciana, también despolvó unos libros y un antiguo dispositivo portátil, el cual ya no tenía batería. Pero lo que más llamó su atención fue el frágil papel donde Mari narraba sus miedos, en aquella época cuando tenía 23 años. La carta decía así:
“Hoy me sentí decepcionada de mí misma por no saber ser más fuerte y demostrárselo a mi mamá, o tal vez es miedo de no poder ser más independiente y demostrarle que en esta sociedad puedo hacer lo que me proponga: viajar sola, estudiar, trabajar en cosas tan grandes que nadie se imagina de lo que una joven es capaz, todo eso sin el requisito, la tonta necesidad social de tener un hombre a su lado.
Pero también me sentí impotente porque es esta misma sociedad, el miedo creciente de no vivir en un país seguro para las mujeres, lo que ha logrado que mi mamá viva con constante miedo de que yo con más probabilidades sufra de la violencia, el crimen, secuestro o violaciones, ya sin decir que en el día a día se vive el machismo.
Así que me pregunté… ¿Soy yo? No me siento débil en lo absoluto, pero sí siento las miradas a mí alrededor, del constante rigor de una sociedad que etiqueta y de un clima de miedo instalado desde lo profundo en cada persona que habita en México.
¿Soy yo? Hoy cualquier persona al caminar tiene miedo de que algo le pueda pasar, por eso debes ser más astuto y precavido que hace 50 años, y la fortaleza de esa coraza debe duplicarse si eres mujer. Pero aún si ya lograste ser fuerte, puedes toparte contra ese muro de cristal, que pensaste que no estaba ahí, que se había abierto para dejarte pasar, pero no, está ahí enraizado, redoblado en su grosor y tu cara se pega duro contra él, te queda ese dolor profundo, esa impotencia.
¿Qué va a pasar ahora? Estoy contra el cristal, pero no veo mi reflejo, no sé quién soy, ni a dónde ir. Porque cuando quiero decir mis planes, no hay un hombre ahí. ¿Y qué si no hay? Tiene que haber uno para que te cuide, me responden. Yo sé que me quieren, pero también puedo cuidarme por mí misma. Déjenme desplegar mis alas para alejarme del cristal, para volar sobre él y ver que hay más allá, no tienen que anclarme a este lugar, con las viejas antorchas que ya no alumbran en los pasillos donde el mármol se desmorona.
He llegado a este punto donde definitivamente no hay vuelta atrás, el camino delante de mí no está lleno de pétalos, pero es el que quiero explorar. Del otro lado, está el más recorrido, un espacio de cuatro paredes con cómodas rutinas, donde todo es conocido. Bueno, me agrada lo desconocido, sé que temen que algo malo me suceda, pero sino avanzo, todo lo malo se va a quedar instalado en mí, porque dejaré de ser yo, será un ave enjaulada, una flor marchitada.
He escuchado ejemplos de otras jóvenes que han recorrido su camino, que de verdad lo han conseguido, voy a platicarles de esos ejemplos, dejaré de esperar la oportunidad para crecer y solo hacerlo para demostrarles… Ah, pero esa palabra, nunca la quise. ¿Por qué tengo que demostrarles aquí, allá, a ellos, a ustedes, a él? Solo quiero ser yo misma, sin etiquetas, sin prejuicios, ni anclajes o predicciones ¿Quién me va a querer así?
Cierto que en este mundo cada vez más hostil, inseguro y fragmentado, crear un vínculo, uno verdadero, donde con tus debilidades y errores, te sigan apreciando tal cual eres, es un milagro, una fortuna de pocos y el delirio de muchos. Sí afuera todos tienen miedo, quiero elegir no temer a lo único que nos puede salvar, el amor.
También tenía miedo del amor, ya no más. Quizá no sepa mucho, pero sé que quiero a alguien con quien compartir, caminar e intercambiar, aprender de los dos, que ambos podamos complementar nuestra vida y que al verlo descubra otros detalles que yo no apreciaba. Desecho la idea de que solo con un hombre la mujer sea definida, el pensamiento de que sin él entonces no puedo vivir sola, no puedo viajar, aprender, crecer… De que sin él no conozca la felicidad, el cariño, la dicha… Que él nos hace mujeres… Esa es la idea plantada en una sociedad de masa arcaica.
Pero si esa es la verdad, si eso es el amor en México, entonces vuelve el miedo y me cuestiono, ¿acaso no viviré el amor? Quiero creer que no todos los hombres son así, ni que todas las personas que aquí habitan piensan así. Pero debo enfrentar y transformar un poco la forma en que ven las cosas aquellas personas que me rodean, amigos, familiares, compañeros de trabajo y de estudio.”
Un escalofrío recorría el cuerpo de Lita mientras terminaba la carta, pero luego se dio cuenta que, aunque la carta no terminó con una solución expresa a aquellos miedos, si ella existía era porque al fin de cuentas Mari había logrado todo lo que alguna vez se propuso.
En el siglo XXII las chicas tienen miedo a ser envenenadas por las nebulosas, a ser tragadas con las mismas posibilidades que un hombre por un hoyo negro, pero no temen que alguien de su misma especie las asesine.

Gen de Nube
27 años. Puebla, Puebla

Escritora, Licenciada en Comunicación. Apasionada de los viajes, el cine documental y la música.

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